Grandes postulados del RAPM

Grandes postulados del RAPM

Los postulados fundamentales del Rito Antiguo y Primitivo se cimentan en la afirmación inquebrantable de la existencia de un Principio Creador, concebido bajo el título del Gran Arquitecto del Universo. Este postulado trasciende las delimitaciones dogmáticas de las religiones positivas para situarse en un plano metafísico y universal reconociendo la Inteligencia Suprema que ordenó el cosmos. Para el rito, la fe en este principio es la premisa lógica e indispensable para comprender la armonía de las leyes naturales y la inmortalidad del alma humana como chispa emanada de esa Fuente Divina.

Un segundo pilar indispensable es la defensa de la libertad absoluta de consciencia y el perfeccionamiento integral del ser humano. El rito proclama que el pensamiento no debe estar subordinado a ningún yugo dogmático, político o ideológico. La búsqueda de la Verdad es una facultad inalienable del individuo, ejercida a través de la razón ilustrada, el estudio y la intuición espiritual. En consecuencia, sus miembros tienen el deber de combatir la ignorancia, el fanatismo y la superstición en todas sus formas promoviendo el desarrollo de la ciencia, la filosofía y las artes como vías de emancipación humana.

La fraternidad universal y la igualdad ontológica de todos los seres constituyen el tercer postulado vertebrador del rito. La fraternidad es la constatación práctica de que la humanidad comparte una misma sustancia y un mismo destino espiritual. Por ello, el Rito rechaza tajantemente cualquier discriminación basada en origen, raza o condición social exigiendo de sus adeptos la práctica constante de la justicia, la rectitud moral, el auxilio mutuo y la solidaridad activa como expresiones concretas del amor fraterno.

Finalmente, el Rito postula la conservación y transmisión de la Tradición Iniciática Primordial como el único medio efectivo para la transmutación del individuo y la sociedad. Este principio sostiene que a lo largo de los siglos ha existido una Sabiduría Arcana, preservada y velada en las escuelas de misterios de la antigüedad. El Rito Antiguo y Primitivo se asume como depositario legítimo de este legado, comprometiéndose a conservar la pureza de sus símbolos, la seriedad de sus trabajos y el rigor en sus ceremonias para garantizar que la Luz del conocimiento siga transmitiéndose de generación en generación.