La pugna por el poder: Masonería, guerra faccional y el vacío iniciático en el México del Siglo XIX

Introducción

La consumación de la Independencia de México en 1821 no trajo consigo la unidad, sino la apertura de un nuevo escenario de confrontación. Lejos de disolverse, las estructuras de sociabilidad secreta que habían servido para conspirar contra la corona se reconvirtieron en el armazón de las pugnas faccionales que definirían el siglo XIX. Este ensayo analiza cómo la masonería, despojada de sus principios filosóficos y alquímicos originales, se transformó en el campo de batalla donde liberales y conservadores libraron su lucha por el control del proyecto nacional, una contienda que, en su dinámica fratricida, allanó el camino para la tragedia de la intervención extranjera y el Imperio de Maximiliano.

La gran escisión: yorkinos y escoceses, la Masonería como arena política

Con la caída del Primer Imperio Mexicano, la naciente república carecía de partidos políticos formalizados. Este vacío fue llenado por las logias masónicas, que se escindieron en dos bandos antagónicos que reflejaban a la perfección la división ideológica del país.

Por un lado, el Rito de York, impulsado por el embajador estadounidense Joel R. Poinsett, se erigió como el baluarte de los liberales federalistas. Su base social la constituían la clase media profesional, los militares de bajo rango y los políticos radicales como Vicente Guerrero y Lorenzo de Zavala. Su agenda era profundamente anti-española, populista y veía en el modelo estadounidense el ideal a seguir.

Frente a ellos, el Rito Escocés, de tradición más europea, agrupó a los conservadores centralistas. Entre sus filas se encontraban la antigua aristocracia, el alto clero, los oficiales del ejército realista integrados al nuevo orden y figuras como Anastasio Bustamante y Lucas Alamán. Defendían un estado fuerte y centralizado, la preservación de los fueros eclesiásticos y militares, y miraban con recelo la expansión republicana del norte.

Estas logias no eran meros espacios de debate; eran maquinarias de poder en sí mismas. La disciplina de voto, la planificación de estrategias en el secreto de las tenidas y la lealtad facciosa por encima de la lealtad nacional convirtieron a esta pseudo Masonería en el primer sistema de partidos moderno de México, pero uno que operaba en la sombra, corroyendo la débil institucionalidad republicana desde sus cimientos.

Del caos a la intervención: la lógica faccional y la invitación al imperio

La pugna entre yorkinos y escoceses no se limitó al parlamento. Se tradujo en una sucesión de motines, golpes de estado y revueltas que sumieron al país en una inestabilidad crónica. La Guerra de los Pasteles (1838) y la pérdida de Texas y los territorios del norte ante Estados Unidos (1836-1848) fueron, en parte, consecuencia de esta incapacidad para construir un estado nacional cohesionado.

El conflicto alcanzó su punto álgido con la Guerra de Reforma (1858-1861), donde los bandos, ahora formalizados en los partidos Liberal y Conservador, libraron una guerra civil sangrienta. El triunfo liberal de Benito Juárez, masón yorkino, y la promulgación de las Leyes de Reforma, que secularizaron al estado, representaron la victoria definitiva del proyecto yorkino. Fue este triunfo lo que llevó a los conservadores, derrotados en el campo de batalla interno, a buscar un aliado externo.

Fue así como la facción conservadora, heredera del Rito Escocés, extendió la invitación a las potencias europeas. La Intervención Francesa y la imposición del Archiduque Maximiliano de Habsburgo en 1864 constituyen el acto final de esta lógica faccional. No fue una invasión puramente externa, sino la consecuencia directa de la incapacidad de las élites mexicanas, articuladas durante décadas en logias antagónicas, para dirimir sus diferencias dentro de un marco institucional. Maximiliano, aunque de tendencias liberales personales, fue el instrumento de los conservadores mexicanos para revertir la derrota y anular el proyecto de la Reforma.

El gran olvido: el abandono de los principios iniciáticos

A lo largo de este turbulento periodo, es notable la ausencia total de cualquier referencia a los principios fundacionales de la Masonería especulativa. La "obra" ya no era la construcción del Templo Interior del hombre a través de la alquimia simbólica, la muerte del viejo yo y el renacimiento iniciático. La "piedra bruta" que se pretendía tallar ya no era la consciencia individual, sino la materia prima del estado nacional.

Los ritos masónicos, diseñados en su origen para simbolizar un viaje de autoconocimiento, se degradaron a títulos de rango dentro de una jerarquía política. El secreto, que debía proteger un espacio sagrado para la introspección, se usó para blindar las conspiraciones y los acuerdos de cúpula. Mientras en Europa algunos círculos masónicos, como los del Rito Antiguo y Primitivo de Menfis-Misraím o los Martinistas, profundizaban en el hermetismo y la espiritualidad, la masonería mexicana, en su conjunto, se consolidó como una filosofía política secular disfrazada con el ropaje de un ritual arcano, o sea, una pseudo Masonería o logias políticas con un total vacío masónico.

Conclusión

El siglo XIX mexicano demuestra cómo un instrumento de fraternidad universal puede ser pervertido hasta convertirse en el combustible de la discordia nacional. La lucha entre yorkinos y escoceses no fue una anécdota dentro de la Masonería, sino la esencia de su operación durante la era republicana temprana. Al privilegiar la lucha por el poder temporal sobre la transformación espiritual interior, las logias no sólo facilitaron la intervención extranjera, sino que abdicaron de su potencial más profundo. La historia de la masonería en este periodo es, por lo tanto, la historia de un vacío: el de una herramienta de perfeccionamiento humano que fue reducida, con trágica eficacia, a ser la simple sombra del poder. También podría decirse que una logia vaciada de su esencia masónica es un cuerpo social político, una pseudo Masonería instrumentalizada para cualquier cosa, menos para obtener el desarrollo humano alquímico y iniciático de sus miembros.

Bibliografía

  • Ferrer Benimeli, J. A. (2007). Masonería y Política en el México del Siglo XIX: Los Casos de Yorks y Scots. México: UNAM.
  • Guedea, Virginia. (1991). "Las sociedades secretas durante el movimiento de independencia". En *La independencia de México y el proceso autonomista novohispano, 1808-1824*. México: UNAM/Instituto Mora.
  • Hammett, Brian R. (2001). Historia de México. Madrid: Cambridge University Press.
  • Meyer, Jean. (2000). *El sinarquismo, el cardenismo y la Iglesia en México (1937-1947)*. México: Tusquets.
  • Ferrer Muñoz, Manuel. (1995). "Sociedades secretas e independencia hispanoamericana". En Tierra Firme, No. 50.
  • Zavala, Lorenzo de. (1969). Ensayo Crítico de las Revoluciones de México desde 1808 hasta 1830. México: Porrúa.