Los clanes del poder: la Masonería Mexicana en el siglo XX, entre la Revolución y los negocios

Introducción

Si el siglo XIX vio a la masonería hispanoamericana convertirse en una máquina facciosa, el siglo XX presenció su metamorfosis final: su institucionalización como un gremio de poder dentro del Estado. Lejos de cualquier pretensión de alquimia interior o de transformación espiritual, la logia mexicana, en particular, consolidó su identidad como una red de lealtades, un vehículo de ascenso político y un espacio donde se negociaban, literal y figuradamente, los grandes proyectos del país. Este ensayo argumenta que, incluso con la profesionalización de sus miembros, la Masonería nunca pudo desprenderse de sus vectores culturales y politiqueros, hundiendo sus supuestos principios iniciáticos en el pragmatismo más crudo.

La Revolución Mexicana: la fragmentación de la "Familia revolucionaria"

La Revolución de 1910 no fue una excepción al patrón, sino su culminación violenta. Los principales caudillos y luego los presidentes surgidos de la Revolución, pertenecían o estaban influenciados por distintas logias. Venustiano Carranza, Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas y hasta Álvaro Obregón tenían vínculos masónicos.

Sin embargo, como documenta el historiador Pablo Yankelevich, la Revolución fragmentó a la Masonería en facciones que reflejaban los bandos en pugna. No había una "masonería revolucionaria" unificada, sino logias carrancistas, obregonistas y callistas que pugnaban entre sí. La lealtad al caudillo y a su proyecto político específico se superpuso, y en muchos casos anuló, la lealtad a los principios abstractos de la Orden. La logia era el lugar donde se consolidaban los clanes revolucionarios y se planeaba la sucesión presidencial, no donde se estudiaba la simbología del templo de Salomón.

La Masonería sindicato vs. la Masonería oligárquica: la farsa de la unidad

La observación sobre una "masonería sindical" define la hipocresía del sistema. Con la consolidación del partido de Estado (el PRI), la Masonería se estratificó de manera brutal.

  • La Masonería gobernante (oligárquica): se concentraba en logias de alto nivel como las del Rito Escocés en la Ciudad de México. Aquí confluían los grandes empresarios, los banqueros, los secretarios de Estado y los presidentes. Para ellos, la logia era el club de negocios definitivo. Los contratos públicos, las concesiones, las licitaciones, se "consensuaban" entre "hermanos". Se autodenominaban liberales, pero construyeron un capitalismo de compadrazgo que era la antítesis de la libre competencia contemplada en la Constitución.
  • La Masonería sindicato (popular): en respuesta, surgieron logias asociadas a líderes sindicales charros, burócratas de nivel medio y políticos en ascenso. Esta Masonería, a menudo de rito yorkino o del Rito Nacional Mexicano, funcionaba como un sindicato corporativo dentro del PRI. La promesa no era la iluminación, sino la canonjía: la plaza segura, el ascenso en la estructura del partido, la protección del líder sindical.

Ambas facciones se despreciaban, pero coexistían bajo el paraguas del mismo sistema que se decía masónicamente "regular". Ambas usaban la retórica de la "fraternidad" para encubrir luchas intensas intestinas por el poder y el presupuesto. Los "reales valores de la alquimia" eran, en el mejor de los casos, un discurso vacío para las tenidas blancas (eventos abiertos); en el peor, un sarcasmo.

El olvido total de la alquimia: el triunfo del pragmatismo

Para la segunda mitad del siglo XX, la transformación era completa. El perfil del masón mexicano de poder era el de un técnico o un político pragmático. ¿De qué servía hablar de la "piedra filosofal" cuando se podía hablar de la "piedra angular" de un nuevo rascacielos o de una carretera?

La iniciación no era un proceso de muerte simbólica y renacimiento, sino un rito de paso para entrar a una red de influencias. Los grados masónicos no se ganaban con la profundización filosófica, sino con la lealtad al grupo correcto y con "servicios prestados" al hermano adecuado. Como señala el sociólogo Jean Meyer en sus estudios sobre el catolicismo y la sociedad mexicana, la Masonería oficial se secularizó hasta convertirse en una religión civil del Estado priísta, con sus propios ritos, sus jerarquías y sus dogmas de "progreso" y "laicismo", siempre al servicio de la estabilidad del régimen.

Conclusión

El siglo XX mexicano fue testigo de la victoria final del vector politiquero sobre el vector filosófico. La Masonería no sólo no se deshizo de sus ataduras culturales, sino que las perfeccionó, integrándose de lleno en el corazón del sistema corporativo y clientelista del PRI. Se convirtió en un gremio más, quizás el más exclusivo y poderoso, donde la "obra alquímica" era transformar el poder político en poder económico, y donde la "Iniciación" consistía en aprender las claves para sobrevivir y medrar en la jungla del poder posrevolucionario. La locura de las organizaciones había consumado su obra: vaciar de contenido trascendente a la Orden para llenarla con el prosaico, pero tremendamente efectivo, negocio de gobernar México.

Bibliografía 

  • Meyer, Jean. (2000). *El sinarquismo, el cardenismo y la Iglesia en México (1937-1947)*. México: Tusquets. (Aunque se centra en los sinarquistas, ofrece un análisis lúcido del contexto político donde la masonería oficial operaba como un contrapoder laico).
  • Yankelevich, Pablo. (Coord.). (2011). México, país refugio. La experiencia de los exilios en el siglo XX. México: Instituto Nacional de Migración/Plaza y Valdés. (Varios capítulos analizan las redes de poder, incluidas las masónicas, que manejaban el Estado).
  • Lomnitz, Claudio. (2021). Nuestra América: Utopía y permanente en la historia intelectual y política. México: FCE. (Ofrece un marco para entender cómo los ideales (como los masónicos) se corrompen en la práctica política latinoamericana).
  • Krauze, Enrique. (1997). La presidencia imperial. México: Tusquets. (En sus biografías de los presidentes mexicanos, se pueden rastrear, a veces de forma explícita, sus vínculos y el uso de redes clientelares, donde las logias jugaban un papel).

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